Concurso de cuentos ecológicos CEAM 2005

9 06 2010

En el año 2005, la Comisión de Educación Ambiental de Monteverde organizó su primer concurso de cuentos ecológicos en esta comunidad.  Participaron niños de cuarto a sexto grado de escuelas públicas y privadas de Monteverde.

A continuación publicaré algunos de los cuentos ganadores:

La última naranja


Escrito por Jeremy Castro Garro. Sexto grado. Escuela Altos de San Luis

Hace mucho tiempo en una finca había un árbol de naranjas.  Muchas personas llegaban a esta zona y se llevaban muchas naranjas, para así, cuando llegaban a su provincia las vendían.

Pero es así como empieza esta historia.  Cuando se acabó la cosecha de naranjas, sólo quedaba una, en el puro copo, se preguntaba qué iría a ser de ella, y siguió día a día y noche a noche sin compañía.

Un día, vio venir a un pájaro viejo y con el pico torcido, se dirigía hacia la naranja.  Se paró en su rama y le preguntó -¿Puedo comerte?

La naranja ya un poco vieja le respondió – Mira, yo dejo que tú me comas pero con una condición, cuando me hayas comido siembras mis semillas para que así más animales vengan a comer y más personas también.

Y así lo hizo, se la comió y cuando las sembró a los meses ya los arbolitos que eran cinco medían 25 cm.

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Mirando a los humanos

Escrito por Fiona Quesada Smith. Sexto grado. Escuela Creativa

Todo estaba oscuro y solo, solamente la brillante luna y las estrellas alumbraban.   Todo estaba silencioso, solamente los grillos un pequeño ruido anunciaban.  Yo estaba casi dormida cuando…¡Miau!  Ay no, era ese molesto gato que despertaba al bosque completo.  Él siempre estaba haciendo algo, no importaba si era de día o de noche.  Tal vez se cayó de un árbol, pero nunca era una emergencia.  Escuché a su gran madre decirle que tuviera cuidado con los malvados cazadores que rondaban los bosques.  Ella le dijo a su cachorro que los cazadores eran altos y andaban armas brillantes llamadas pistolas.  “Son nuestra peor pesadilla” agregó la felina.  Cuando ellos quieren matan sin piedad y venden nuestra piel.  A veces nos llevan a un encierro del infierno llamado “circo”.

Esto le había ocurrido a la madre de la gata.  La cazaron y vendieron su piel.  Ella trató de escapar pero era muy tarde.

Al amanecer el sol brilló y los pájaros cantaron “buenos días, Sra. Gata”  Buenos días pequeño Budy ¿Te metiste en problemas anoche?

-Solamente me caí de un árbol

-¿No te dolió?

Antes de contestar oímos humanos.  Cuando corríamos a escondernos, Budy calló redondito de nariz y su pelaje amarillo se ensució.  Budy miró hacia arriba y su mamá lo agarró del cuello y lo escondió rápidamente en un lugar seguro.  Budy no sabía que pasaba.  Él miró fijamente.  El humano era grande y ¡No! Budy miró algo en su brazo.  Era un arma, una gran arma negra.

La mamá de Budy miró fijamente al cazador y mostró sus grandes dientes.  El cazador alzó su arma y la mató.

Después del disparo todo estaba silencioso.  Todos hicimos un círculo alrededor de la felina muerta.  Budy se acercó lentamente hacia ella.  “Mamá, mamá”  Lamió su rostro pero no se movió.  Corrió por el bosque pero de pronto paró y miró para arriba y allí estaba el cazador.  Lo estaba mirando con sus grandes ojos.  Alzó su arma y disparó contra él varias veces.  Budy estaba tirado en el piso todo sangriento.El cazador le dio la espalda y se fue.  Corría hacia el pequeño felino.  ¡No estaba muerto!  Lo pusimos en una cama de hojas.  Él hablaba ronco porque las balas dañaron su voz.  Pasaron los años y Budy lloró y lloró, lloró tanto que los lados de su nariz se pusieron negros.  Él lloraba por sufrimiento.  Cuando se recuperó quería una venganza.  Ahora él era grande como su madre.  Él fue a caminar al bosque cuando oyó unos humanos.  Se escondió entre los arbustos sin hacer ruido.  Era uno de esos cazadores.  Budy miró al cazador sin pestañear.  ¡Riñaw!  Y ese era el fin del cazador.

Después de eso lo llamamos Jaguar El Rey del Bosque de Monteverde.  Él era grande. Su voz era ronca y ruidosa.  Las manchas de sangre se secaron y se pusieron negras por las balas, los lados de su nariz estaban negros por tanto llorar.  Cuando lo veíamos, sabíamos cuanto había sufrido.  Todos incluyéndome teníamos miedo de él.  Él se transformó en un animal superior.  Él no era el mismo de siempre. Estábamos seguros de algo. Él tenía miedo a los humanos, los cazadores.

Budy escuchó humanos y se subió a un árbol seguro. Los humanos eran pequeños y uno grande iba caminando con ellos.  Los pequeños humanos llevaban camisas azules y en sus pequeñas manos llevaban diferentes tipos de árboles que iban a sembrar al bosque.

Cuando Budy vio esto, ya no tenía tanto miedo.  Todo el día él pensaba acerca de estos pequeños humanos que sembraban árboles.  Ahora, cuando los pequeños humanos van caminando con árboles, Budy está allí en un gran higuerón sonriendo.

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El viaje de la golondrina

Por: Ana Raquel Chavarría Cruz. Quinto grado. Escuela Los Llanos.

Había una vez una golondrina que iba volando con sus amigas, viendo el cielo azul, los árboles, sintiendo la brisa…¡CRAC! La golondrina chocó contra una rama y cayó al suelo.

-No parece muerta.

Una voz se oía, la golondrina abrió los ojos y vio una sombra, era gris y borrosa, de repente, se asustó al reconocer a aquel animal: era un Oso Hormiguero.

-¿Te encuentras bien?-  Preguntó éste tendiéndole la pata.

-Me duele la alita- dijo la golondrina – y tengo hambre.

Después el oso hormiguero la llevó a su casa, que era un hueco en un árbol.

-Tengo que volver con mi familia –sollozó la golondrina – pero no sé dónde está.

-El Quetzal sí lo sabe – dijo el Oso Hormiguero – él lo sabe todo.

La golondrina se alegró al oír esto y preguntó:

-¿Dónde está el Quetzal?

-En lo más profundo del bosque.

Y así, la golondrina emprendió su viaje a través del bosque.  Iba muy feliz hasta que oyó un rugido, y frente a ella se encontraba una mamá jaguar, muy hambrienta.

-No me comas – suplicó la golondrina – necesito tu ayuda.

La mamá jaguar le respondió:

-Está bien, no te comeré, pero tú vas a buscar a mi hijo perdido.

La golondrina buscó y buscó y por fin, encontró al bebé jaguar que estaba llorando, la golondrina le consoló y lo llevó con su madre, ella estaba tan feliz que se ofreció a ayudar a la golondrina a ir por el bosque para encontrar al Quetzal.

-Hasta aquí puedo llevarte –dijo mamá jaguar a la golondrina, dejándola junto a un gran río lleno de cocodrilos.

-¡Oigan, cocodrilos!- gritó la golondrina.

-¿Qué quieres, pajarilla? – dijo un cocodrilo joven.

-Quiero cruzar el río, ¿Me ayudas?

-¡Claro!  Sube a mi lomo.

Y la golondrina cruzó el río.

Al otro lado se encontró con un cuervo muy amable que le ayudó a seguir su camino.

-Ya tengo que irme a mi nido –dijo el cuervo – ¡Buenas noches!

La golondrina subió a una raíz y comenzó a dormir.  Al otro día se dio cuenta de que la raiz se movía, era una serpiente.

-¡Buenos días!, doña Boa – dijo la golondrina -¿Cómo esta usted?

-Estoy bien, pero estaría mejor si no hiciera tanto frío aquí, en el centro del bosque.

La golondrina cantó y bailó, ahora solo tenía que encontrar el árbol más alto que, según le había dicho el Oso Hormiguero era la casa del Quetzal.

Cuando encontró aquel árbol tan enorme se emocionó:

-Le preguntaré al Quetzal en dónde está mi familia de golondrinas.

Pero al mismo tiempo estaba triste:

-Mi ala, no me permite volar, nunca podré subir hasta allá arriba.

Y la golondrina lloró amargamente toda la noche.

Al otro día se despertó, y extrañamente se sentía feliz y fuerte.

-Sube volando, golondrinita – gritó el Quetzal, y la golondrina se decidió.  Comenzó a batir sus alas y pronto, se encontró en presencia del Quetzal.

-Por favor, necesito encontrar a mi familia de golondrinas.

-No sé dónde están – dijo Quetzal – pero sube a la copa de este árbol y lo sabrás.

Y al subir a la copa del árbol vio a una conocida manada de golondrinas que volaban hacia un hermoso valle.

La golondrina las alcanzó y les contó de sus aventuras en el bosque.  Muchos años después todavía se hablaba del ¡Viaje de la golondrina!

Y me meto por un huequito y me salgo por el otro para que tú me cuentes otro.

FIN


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