Que siga la fiesta…

10 08 2012

Por: Rose Marie Menacho Odio

Cualquiera que tenga una ligera inclinación al pesimismo puede caer fácilmente en él  leyendo las noticias de cada día. Ya saben a qué me refiero: robos, asesinatos, inundaciones, sequías, accidentes de tránsito y demás calamidades que parecen componer el mundo actual.

Pero esto no es lo que me motiva a escribir. Lo que realmente preocupa es lo oportuno que es que junto a estas tragedias nos presenten la promesa de la felicidad, amor y paz encubierta en artefactos eléctricos, mecánicos y otros objetos de índole material.  Es decir, la tristeza que nos causa el saber que el mundo se viene abajo, que los jaguares ya casi extinguen, que los políticos roban impunemente millones de nuestros aportes en impuestos, se debería (quizás, ojalá) acabar entrando en el mundo de los últimos celulares, automóviles, ropa de moda y demás.

Esta doble procesión de alegría y tristeza nos mantiene danzando en dos mundos imaginarios: el del horror de los sucesos y el de los privilegiados que, a fuerza de comprar, han logrado escapar del primero. Por otra parte, las noticias realmente buenas: las del estudiante que se esfuerza por vencer su ignorancia, la del hombre que cuida a su padre anciano, la de la madre que se esfuerza por dar lo mejor a sus hijos, la del músico que crea una nueva tonada… Bueno, nada de esto sale ni saldrá en los diarios.

El disfrutar la fiesta mientras se pueda, “porque la vida es ahora” es más bien lo que nos tiene así: al borde del abismo. Es importante que empecemos a entender que el vacío interior no se llena con cosas, que el consumismo es más la raíz de los males que la cura para ellos. Para convencerse de esto, debería bastar el averiguar un poco más sobre la “sopa de basura”  que  se extiende en el Océano Pacífico, provocando daños inimaginables en la vida marina y terrestre, y que es un fiel reflejo de nuestra cultura de exceso e indiferencia.

Por esto, vale la pena escaparse un poco y reflexionar. ¿Qué nos hace felices? ¿Para qué trabajamos? ¿Para qué vivimos? En otras palabras, volver a nuestro interior, a lo que somos, lo que realmente necesitamos.

Dejarse llevar por el consumismo es fácil, pero no es bueno para ni nosotros ni para el mundo. Reciclar no va a solucionar el problema. En lugar de rodearnos de cosas, procuremos llenar nuestra vida con lo que sí vale la pena. La “vida es ahora” y la “vida es mañana”. Es disfrutar lo que tenemos: naturaleza, salud, familia, amigos, tiempo para uno mismo y asegurarnos de que otros también puedan hacerlo en el futuro.

Creemos un mundo en el que valga la pena (y sea posible) que la fiesta siga indefinidamente.


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3 responses

18 08 2012
Claudio Ureña

Me encanta esa foto! Le dá un sentido más redondo al texto! La conciencia no se aprende estudiando pero con profesores como usted que transmiten esos valores desde la propia vivencia es más fácil adquirirla! Saludos cordiales!

18 08 2012
observadoresdeavesuned

Gracias Claudio!

15 09 2012
Cassandra Castañeda

El consumismo está destrozando nuestros valores y nuestras tradiciones, y es tan difícil erradicarlo porque desde que nacemos nos inculcan el hábito de adquirir cosas que no tienen un valor significativo y más bien es basura para el ambiente. Y entonces, mamá y papá no pueden estar con su hijo y le compran un juguete para sustituirlos pero eso no es suficiente.

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